On 22 ene. 2009 0 Comentarios

Manolo Jiménez echa el equipo atrás propiciando el empate del rival, propiciando la remontada del rival, se equivoca a la hora de hacer los cambios y en la elección del momento de los mismos, Manolo Jiménez se equivoca, Manolo Jiménez... Estas venían siendo las merecidas crónicas con sus respectivas críticas en muchos de los partidos anteriores a la derrota de ayer en Valencia. Una prueba más de que el sevillismo se quejaba y con razón del devenir del equipo.

Como decimos, la de anoche es una prueba más de que hay formas y formas de salir derrotado, de salir a un rectángulo de juego. El Sevilla, en el cómputo global hizo un buen partido, salvando los dos errores puntuales (e imperdonables) que propiciaron dos de los tres goles del contrario en Mestalla. Nada tiene que ver la mentalidad de este equipo con la temerosa que mostraba ante rivales de poca altura, esa escuadra dubitativa que desesperaba a las masas.

El posicionamiento en el campo es otro, la aptitud es otra, las formas son diferentes. Este equipo estaba construido solo para una cosa, ganar, atacar, triunfar. Y hasta entonces parecía que sus virtudes, esas que lo han hecho grande, estaban desperdiciadas, guardadas en el fondo del cajón. Poco a poco va saliendo de nuevo hacía la luz, y eso su gente lo sabrá valorar. Ayer se perdió el primer partido copero contra el Valencia, pero no como se hizo contra el Málaga, contra la Sampdoria o incluso como se empató el día de Osasuna.

Y eso, repetimos, su gente lo sabe valorar. Esta no es una afición mestallizada como nos quieren hacer ver, esta es una afición sabia y exigente, que sabe lo que quiere pero también lo que no quiere, una gente que no pasa por el aro. Ahora el resultado (3-2) queda muy abierto para la vuelta en Sevilla, el estadio tendrá que volver a ser el de las grandes noches, el lleno debe ser absoluto. Mientras, en la competición del fin de semana, nuestro objetivo va sobre la marcha.

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