On 5 abr. 2010 0 Comentarios

El actual entrenador agradece el reto que le han puesto en sus manos y se afana en devolver al equipo a su verdadero rol a través de un sello característico. Olvida su interinidad en el cargo y defiende que le importa más el club que su futuro.

-Debutó en casa con victoria clara. ¿Cuáles fueron sus sensaciones?

-Indescriptibles, como ya dije en la rueda de prensa posterior al partido. Debutar como entrenador en el estadio donde he jugado tantas veces y donde me he sentido protagonista como futbolista, pues fue una sensación muy bonita.

-Además, como cualquiera hubiera soñado: un gol pronto y el de la tranquilidad poco después...

-Como cuando escribes un guión y sale la película perfecta. Habíamos hablado de cómo queríamos jugar, hacer un gol, buscar el segundo y no dar opciones al contrario a que nos creara esa incertidumbre. En el primer tiempo se consiguió todo y con 2-0 era lógico que en algún momento el rival, con lo que se jugaba, tratara de meterse. Lo que vamos a intentar es que manden cada vez menos y que seamos nosotros los que mandemos en los partidos cuanto más tiempo mejor.

-En Villarreal apenas hubo tiempo para preparar nada. ¿Ahora ya puede decirse que se ha visto algo de lo que Antonio Álvarez quiere?

-Es pronto. Tenemos el hándicap de que hay que trabajar pero también conseguir resultados domingo a domingo. Vamos a contrarreloj porque no nos podemos permitir el lujo de perder. Se trabaja durante la semana, tenemos en cuenta las cargas porque hay que llegar fresco al partido, pero sin duda hay que mejorar en todos los aspectos: físico, psíquico, técnico, táctico… en todo se puede mejorar.

-¿Cómo se encontró el vestuario y cómo está ahora?

-Cuando hay un cese lo lógico es que las caras estén un poco tristes, que estén a ver qué pasa y tal… Lo que ocurre es que yo jugaba con la ventaja de conocer prácticamente al setenta por ciento del vestuario, aparte de la gente que trabaja dentro, es decir, médicos, físios, utilleros, cuerpo técnico… He llegado a un sitio que conocía y en donde me conocían. No ha sido entonces tan complicado devolver esa ilusión y la sonrisa. Ellos me conocen, saben cómo soy y la verdad es que con la ayuda de todos han ido las cosas mucho más rápido. Afortunadamente, porque si no hubiera sido así mientras conoces a la plantilla, ellos te conocen a ti, tu manera de ser, de transmitir… y con la premura que tenemos de ganar partidos, hubiera sido más complicado.

-Desde fuera, y sin querer tampoco abundar mucho en el pasado, sí se veía una crispación en el entorno que afectaba al futbolista y que a lo mejor ahora se ha soltado, aparte de lo que tácticamente haya dado tiempo de aportar.

-El futbolista se ha liberado de esa presión y eso es bueno. Y tenemos que enganchar a nuestra grada con los jugadores, que al fin y al cabo son los que van a ganar los partidos y los que nos van hacer estar al final arriba. Desde la grada se tiene que transmitir, y desde aquí yo lo pido, que quedan ocho partidos y que sin su ayuda no lo vamos a conseguir. Necesitamos el estadio lleno y animando desde el minuto uno. Después, una vez acabado el partido, esperamos su veredicto, pero queremos su apoyo y lo pido hoy aquí.

-¿El equipo notaba antes que se examinaba, salieran o no las cosas bien? Digamos, que había un examen al margen del resultado.

-Vosotros, que lo habéis vivido más de cerca, lo sabéis. Yo he estado más retirado, lo conocía, pero estaba más alejado. Esa tensión ha desaparecido y creo que es muy bueno porque tiene que haber una comunión. Cuando las cosas salgan nos va a servir de estímulo, pero cuando se compliquen va a ser fundamental ese apoyo.

-Usted ha mencionado el plano físico, del que tanto se ha hablado. ¿Tan mal está el equipo?

-Ya Ramón Orellana hizo una aclaración. El equipo no está bien físicamente, pero hay que tener en cuenta todas las circunstancias que se han dado. Varias competiciones, muchas lesiones, jugadores que han tenido que forzar su reaparición… En estos momentos que estamos los justos, si se puede recuperar a alguien llega también muy justito de fuerzas y no tiene ese tiempo material para ponerse al cien por cien y rendir desde el mismo momento en que sale. Ese déficit se ha ido arrastrando, acumulando y se hace más complicado.

-Imagino que conforme vayan volviendo jugadores el nivel del resto también tiene que subir. Ahora mismo sigue esa media de 6 ó 7 bajas que tanto daño ha hecho.

-Las bajas, y lo dije el primer día, las tengo en cuenta porque son jugadores del Sevilla y lo que hay que hacer es recuperarlos cuanto antes, pero si no los tengo de nada me vale quejarme. Yo no voy a decir nunca: es que tengo tantas bajas… Es que no pueden jugar y para qué voy a pensar en ello. Los que están son los que tienen que sacar al equipo adelante y tienen mi confianza. O sea, que los lesionados se preocupen de recuperarse.

-Y los que están, tratar de dar lo mejor. Porque hay futbolistas con los que la afición está muy decepcionada, como Negredo.

-Negredo va a recuperar su forma física y psicológicamente también va a ir a más porque es un grandísimo jugador y el Sevilla lo necesita. A mí me consta que es un gran profesional, está trabajando muy bien y cuando pasen un par de semanitas no tengo ninguna duda de que nos va a aportar muchísimo de aquí al final de temporada.

-¿Cree que es un tema más psicológico que otra cosa?

-De todo un poco. Cuando se pasa una racha negativa no es debido a una sola causa, son muchos puntitos que hacen que el futbolista individualmente no se encuentre bien por diferentes causas. Va a mejorar, va a mejorar. Estoy convencido.

-En el plano personal, incluso se planteó la posibilidad de empezar su carrera de entrenador fuera del club, pero prefirió esperar y ahora le llega esta gran oportunidad.

-La espera ha merecido la pena. He tenido ofrecimientos que por unas causas o por otras no cristalizaron, unas porque no me agradaban, otras por otras cuestiones… He estado trabajando en el club de mi vida desempeñando labores que para mí han sido muy enriquecedoras. Saber cómo trabaja la secretaría técnica, los kilómetros que se hacen, cómo se patea Europa, la soledad en los aeropuertos, en noches de hotel… Ha sido una etapa enriquecedora. Además, gracias a ello me ha llegado esta oportunidad. Y encima, tengo la gran suerte de que, si estas cosas siempre pasan cuando el equipo está como ha estado unos años atrás, en zonas de abajo y luchando por no descender, yo me encuentro una oportunidad impresionante, inmejorable: en Champions, con una final por delante… Es un momento soñado. Se habla de que el equipo no está bien, pero es lo soñado. Por eso estoy muy, muy contento.

-¿Cómo se lo comunicaron? Es de suponer que estaba preparado.

-Monchi había hablado conmigo y era consciente. Tenía que entrenar al equipo un miércoles sabiendo que se estaba en conversaciones con Luis Aragonés. No se había hablado qué es lo que yo iba a tener que hacer en caso de que se hubiera llegado a un acuerdo, pero yo en ningún momento lo dudé. Estoy aquí para ayudar al Sevilla, como he estado toda mi vida. Si me necesita para un día, estoy para un día. No hay un acuerdo e inmediatamente Monchi me dice que estaría hasta el final de temporada y después me lo comunicó el presidente.

-El presidente ha comentado que si usted se lo gana y logra los objetivos puede continuar. ¿Cómo se ha tomado estas palabras?

-Bien, bien. El reto lo tengo ahí desde ahora hasta final de temporada, pero más allá no pienso.

-Es que además ha dejado la coletilla de que seguiría si logra los objetivos, pero si las dos partes lo ven bien. Eso es un sí, pero…

-Yo no he sido nunca un problema en el Sevilla. Yo he firmado el contrato ahora con el primer equipo en blanco. Ni he mirado el contrato y no he exigido nada en absoluto. O sea, que si las cosas salieran bien estamos en la misma dinámica… Dios quiera, Dios quiera y salga todo bien, nos metamos en la Champions, ganemos la Copa y con eso yo ya tendría mi trabajo cumplido y me daría por satisfecho. Lo que venga después, vendrá.

-¿Cómo le ha sentado el hecho de que empiecen a sonar nombres?

-Es normal. Yo no voy a intentar cambiar nada ni me voy a pelear con nadie. Las noticias salen y salen, ya está. Yo lo único que tengo que hacer es estar centrado en mi trabajo y mi trabajo es desde ahora hasta final de temporada. Lo demás me da igual y me resbala todo lo que salga. Sé que voy a tener ocho partidos y la final.

-¿Le importaría en junio volver a hacer otra función en el club o aprovechará esta etapa para seguir su carrera fuera?

-Es que depende. A mí no se me caen los anillos por volver con mis compañeros a la secretaría técnica. He estado dos años fenomenal con Ruda, con Marcos (Gallego), con Rosendo Cabezas, Víctor Orta, Fermín Galeote… Entré con buen pie y hemos tenido buena coordinación y buen día a día. Si hay algo que haga que me tenga que mover de Sevilla, pues bueno, habrá que valorarlo, pero en principio… Yo, como siempre digo, he estado a disposición del Sevilla y aquí estoy.

-La final de la Copa, supongo que cuanto más lejos mejor.

-(Risas). Lo que pasa es que te da pena ver cómo una competición como es la Copa del Rey todavía no sepas dónde se va a jugar, ni qué día se va a jugar, que tu afición esté dándole vueltas, esté deseosa… Pero bueno, es lo que tenemos. Tampoco me preocupa ahora. Sé que no va a ser dentro de dos semanas y lo que sí me preocupa ahora mismo es la Liga. Es lo que le nos va a dar el caché para estar otra vez en Europa el año que viene. Me preocupa la Liga y el partido de Málaga.

-¿La tercera plaza es factible?

-La distancia con el Valencia no es insalvable. Está a dos partidos. Hemos dado una sensación de mejoría, pero nosotros vamos a lo real. Que no vaya a pensar la gente que por ganar 3-0 al Tenerife estamos ya para tirar cohetes. No. Vamos a sufrir. Todo está muy parejo y estamos muy justos.

-El club se juega económicamente mucho. ¿Siente el grupo la presión del presidente?

-Él tiene sus inquietudes y me parece bien que las transmita a la plantilla. Que desde arriba haya preocupación, inquietud, ganas de hacer las cosas y saber que nos jugamos mucho prestigio y dinero… Por si alguien ha olvidado lo que nos jugamos, que no es el caso, un toque de atención nunca viene mal.


Jesús Alba, Diario de Sevilla

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