On 14 ene. 2010 0 Comentarios

Hoy es de esos días en los que uno debe sentirse profundamente orgulloso de ser sevillista, de la afición que puebla el Sánchez-Pizjuán y del grupo de jugadores que ayer se partía el alma en cada jugada. Esto último es precisamente lo criticable, lo que se le echa en cara tanto al entrenador, por lo que el sevillismo tiene toda la razón cuando se queja... Ese gen competitivo que en otras épocas no muy lejanas era el pan nuestro de cada día. Un Sevilla FC que, cuando se pone en ese plan, es muy difícil de batir esté quien esté delante, del mismo modo que da la sensación de poder eliminar a cualquier rival del mundo.

Pringado en Nervión
-Pringado en Nervión-

Era la primera vez, en una eternidad de tiempo, que nadie eliminaba de alguna competición al equipo que todo lo ganaba. Un equipo catalán que ganaba todo lo ganable, que se ha convertido por méritos propios en el mejor equipo de todos los tiempos. Nadie a lo largo de la historia había conseguido vencer en todos los torneos a los que un club de fútbol tiene acceso. Y nada más y nada menos que tenía que ser el Sevilla FC el primero que bajara de la nube a los de Pep Guardiola, ¡y de qué manera! Sin Zokora, sin Kanouté, sin Luis Fabiano, sin Squillaci, sin Perotti, con F. Navarro recién salido de una lesión, con Navas recién recuperado, con Adriano en similar situación, etc, etc, etc.

Un compendio de situaciones que hace que este logro pase de ser una hazaña, a ser una proeza histórica sin igual. Pero no es por otra cosa, simplemente por todo esto, por lo que provoca más ira que posteriormente llegue un Getafe y te gane en tu campo, un Racing y te pinte la cara, un Málaga y se lleve dos puntitos de Nervión, un Valladolid y haga lo propio... Un momento de éxtasis y de euforia le viene bien a cualquiera, pero sería procedente que más pronto que tarde se vuelva a la más rabiosa realidad liguera, que no pinta bien precisamente.

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